¿Te cuidas a ti mismo o eres egoísta?

Tú primero, y después esa inspiración abrazará a otros. 
— Dalai Lama

Cualquier persona que tenga a otros a su cargo (ya sea hijos, ancianos o personas desvalidas) conoce bien esta situación: se encuentra agotada, le duele el cuerpo, quizá no puede ni descansar y, sin embargo, las otras personas le necesitan… Ella piensa: “No puedo más. ¿Estoy siendo ‘egoísta’ si decido cuidarme?".

Como madre, te puedo decir que todo esto "me suena de algo". Por suerte, ahora que mis hijos van creciendo (tienen 6 y casi 4 años) la situación es menos extrema que en su primerísima infancia. Pero, por supuesto, todavía me sigo viendo en ocasiones ante esa (aparente) disyuntiva. ¿Cómo saber cuál es la mejor decisión, si cuidarme o cuidar de los otros, a cada momento?

En este conflicto, insisto, aparente, veo 3 etapas:

Fase 1. Estás estresado. Apenas puedes dormir. Esto no es así un día, sino que es así todos los días. Estás irascible y saltas fácilmente por cualquier cosa. Desengáñate: necesitas cuidarte, y los tuyos serán los primeros que agradecerán el verte feliz y despreocupado o, al menos, mejor. Te permitirá ser agradable con ellos y esto hará que puedas cultivar una buena relación, lo que agradecerás en el presente y, quizá sobre todo, en el futuro (cuando se haga presente).

Fase 2. Empiezas a cuidarte y a dedicarte tiempo a ti. A esta la podríamos llamar “etapa péndular”, porque de vez en cuando oscilarás entre ambos extremos. A lo mejor alguna vez (pocas) “te equivocas” y te das tiempo cuando los tuyos te necesitan de verdad, y otras veces volverás a los viejos hábitos, al estrés y a sobrepasar tu límite. No pasa nada, permítetelo. Estás aprendiendo. Nadie dijo que se pudiera conquistar Roma (ni a uno mismo) en un día.

Fase 3. Vas adquiriendo una mirada más amplia. Eres capaz de dar un paso atrás y preguntarte: ¿qué es lo mejor para la familia (o el grupo que sea en el que te encuentras)? Te sorprenderá que muchas veces la respuesta será: “Si te cuidas, los cuidas”. Que la gente es feliz teniendo gente feliz a su alrededor (y no hablo de una felicidad irreal-continua-Coca-Cola, sino de algo más profundo que subyace a los vaivenes del día a día).

Entonces, curiosamente, tienes clarísimo cuales son las prioridades, y el conflicto (aparente) se desvanece

No me creas, pruébalo ;-)

Y habrá algún día, solo alguno, que te des cuenta de que el otro te necesita justo en ese momento y tu autocuidado ha de esperar. Y no pasa nada. Porque sabes que puedes esperar. Y sabes darte la importancia justa, siendo, al mismo tiempo, y en palabras de Chade-Meng Tan, creador del programa de Google Busca en Tu Interior,  “tan grande como el monte Fuji y tan pequeño como un insignificante granito de arena”.

Podemos ser poderosos y a la vez conscientes de nuestra insignificancia. Eso nos da firmeza, solidez y, al mismo tiempo, ligereza. Consciencia de que podemos influir en los demás y en el mundo (e influimos, de hecho, queriendo o sin querer) y, al tiempo, que nada o muy pocas cosas son tan importantes como nos parece a primera vista.

¿Y tú? ¿En qué fase te encuentras? ¿Y cómo haces para decidir si es momento de cuidarte a ti mismo o los demás?