Cómo retomar la práctica de Mindfulness… incluso si crees que te has desenganchado

“Lo difícil no es practicar Mindfulness. Lo difícil es querer practicar Mindfulness”

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Me ha pasado varias veces. Ya conozco la mirada. La mirada de… “Hace tiempo que no practico”. Me ha sucedido con alumnos para los que el curso supuso una etapa de descubrimiento: el de saber que es posible vivir de otra manera. Se acaba el grupo y, a veces, vuelven los viejos hábitos. En algún momento se deja la práctica y, entonces, empezar de nuevo se hace muy cuesta arriba.

Es normal.

Al mismo tiempo, no tiene que ser así.

Aquí te dejo una de las lecciones que más me ha servido: la práctica es como la atención a la respiración. Formulamos la intención de seguirla y poner en ella toda nuestra energía, nos distraemos, y volvemos. Lo importante no es la distracción, lo importante es que te das cuenta y vuelves.

 

Ya sabes, te caes siete veces, y te levantas ocho. Lo que cuenta no es caerse, sino levantarse.  

Siempre habrá etapas de más y menos adherencia a la práctica. Al mismo tiempo, sí podemos poner las condiciones para que sea más sencillo.

Entonces, ¿qué podemos hacer para fortalecer la práctica?

  • Empieza focalizando tu atención en lo que sí haces, lo que sí te sirve, lo que sí ha cambiado. Normalmente tendemos a fijarnos en lo que no funciona, lo que supuestamente “está mal”. Rompe ese automatismo. Date cuenta de que hay cosas que sí han cambiado y sí haces de forma “consciente”.  
     
  • Si crees que te has descolgado, empieza con suavidad. No te fuerces a practicar 30 minutos o nada. Encuentra tu “punto dulce”, aquel con el que puedes comenzar sin gran esfuerzo, y construye desde allí. Quizá puedes empezar con cinco minutos de práctica, o con un minuto, o con un paseo consciente. Y desde allí, ir avanzando.
     
  • Ten muy claro cuál es tu motivación: ¿por qué practicas? Fundamental. En mi caso, por ejemplo, noto que al practicar “el color” de mi día cambia de forma instantánea. Esa es a menudo una gran motivación cuando las cosas se ponen difíciles. Permite que tu motivación, la que sea, se mantenga en primer plano, y haz la intención firme de tenerla presente y dejar que te guíe.
     
  • No limites lo que es “práctica”. ¿Qué actividades son para ti puro “estar presente”? Quizá bailar, pasear o estar con tus personas queridas. ¿Con cuáles de ellas entras “en flujo” (esa sensación de que el tiempo desaparece y todo pasa sin esfuerzo) más fácilmente? Quizá puedes hacer microprácticas durante el día, o prefieres asentar tu práctica formal. ¿Qué funciona para ti?
     
  • Refuerza tu hábito y utiliza el ‘piloto automático’ en tu favor, de forma que conectes la práctica a una actividad que ya esté en tu rutina. Por ejemplo, te levantas por la mañana, te aseas y haces la práctica. O, por la noche, te lavas los dientes y haces la práctica. Como decían Les Luthiers “el que piensa, pierde” ;-)
     
  • Si estás en una época especialmente complicada, utiliza lo que llamo “meditación de guerrilla”: olvida los horarios y suelta expectativas. Simplemente, en cuanto tengas unos minutos disponibles, practica.

  • Mantén el contacto con personas que hicieron el curso contigo o que practican Mindfulness u otras formas de meditación.
     
  • Encuentra tu grupo o sangha. Quizá es un grupo de meditación Mindfulness o una forma más tradicional, como la meditación zen. Quizá es la práctica de yoga. En cualquier caso, sentirte parte de un grupo hará que la motivación surja de forma natural y el aprendizaje sea más profundo.
     
  • Vuelve a la respiración en el día a día. En cualquier actividad puedes observar el flujo de tu gesto respiratorio y, desde allí, estar completamente presente. Cualquier acción es meditación si la llevas a cabo con total atención amable.
     
  • Utiliza Apps. Ya sabes que el teléfono móvil puede ser pura distracción o una herramienta para la focalización. Utilízala en tu favor. 
     
  • Lee libros. Si has de elegir entre practicar y leer, practica: es lo que te va a cambiar de verdad, lo que va a moldear tus rutas neuronales  y dotarte de más calma, menos reactividad y mayor claridad. Pero, si no te es posible o sientes resistencia, entonces lee libros acerca de Mindfulness. El tiempo entre acabar la lectura y sentarse a practicar suele tender a cero ;-)
     
  • Asiste a retiros. Cada uno de estos espacios de silencio dejan su poso. Nos pueden ayudar a "vaciar" y a llevar a cabo aprendizajes profundos, puramente experienciales. Además sirven, sin lugar a dudas, para afianzar nuestra práctica.
     

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Y, ¿qué hacer si todo esto falla? Entonces puedes cultivar lo que llaman “el desapego a la práctica”. Es decir, practicar está bien y nos ayuda a sentirnos mejor, pero, ¿y si un día no hay manera? Date cuenta de que la gran práctica es la vida, y de que en el día a día puedes cultivar esa cualidad de atención amable que entrenamos especialmente, eso sí, cuando practicamos :-)
 

¿Y tú? ¿Cómo fortaleces tu práctica?